martes, 6 de marzo de 2012

"El amor es ciego", una triste y oscura realidad


Empiezas una relación con #Wimbledon#, por ponerle un nombre a ese susodicho que escogiste como tu nuevo “príncipe azul”, pero que sabes que de príncipe no tiene nada, porque aceptémoslo, las probabilidades que tenga más de perro-peruano que de príncipe son del 98%. Pero no importa porque el muchacho es carismático, así que no interesa su pinta de Daddy Yankee, su cerquillo rubio y su tatuaje de Sarita Colonia en el pecho. A tí, mujer de los gustos autóctonos de vanguardia, te gusta. El porqué solo tú lo sabes, y eso es más que suficiente y es que tú, mujer con personalidad, segura de sí misma (nos queda claro) tomas su mano con orgullo y caminas con pecho inflado del galanazo que llevas por “ornamento folklorico”. Pero entonces es aquí cuando una se pregunta: “qué sucede con el amor y el buen juicio?”… Porque todo indicio indica que la realidad es que el amor nubla cualquier vestigio de lucidez. El amor te vuelve imbécil y no suficiente con eso… ¡te sumerge en un estado en el que desconoces todo significado de vergüenza! Sí, tú mujer moderna, de pensamientos atrevidos, hija de la era de la revelación femenina, no te quedas atrás... porque todas, TODAS, arrochamos en algún momento. Y es aquí en donde rebatimos aquel pensamiento quimérico que establece que “todo tiempo pasado fue mejor”... ¡ES MENTIRA!  No te engañes, porque todas tenemos aquel ex (cochino) enamorado cuyo recuerdo viene con el comentario adjunto de “en qué mierda estaba pensando?!?” Sí! Aquel bailarín de Chulos (se acuerdan?), con peinado de Gokú (luego de su transformación a Super Sayayín, porque encima se tiñó de rubio), ese con el arete en la oreja y caminata de Tito el Bambino, es y seguirá siendo, parte de TU PASADO! Pero en ese momento, no tenías vergüenza. Aquel wachiturro visionario era, según tu limitada cordura, el AMOR DE TU VIDA. ¿Nunca te pasó? No lo niegues. Si no fue folklórico, fue emo…

Pero la idiotez no viene solo con aquel insensato amor adolescente. La idiotez te persigue hasta hoy. Y es que cuando estás frente al “hombre de tu vida” (actual) por alguna razón no puedes hablar normal, ¡NO! Sin querer y hasta por inercia, tu voz adopta una musicalidad parecida a la de un teletubbie drogado. Jamás decirle por su nombre (eso es frío, indiferente y hasta irrespetuoso), su nueva identidad es “peluchin”, “pollito”, “torito”, “gatito”, “chanchito” (qué pasa con los nosotras y los nombres de animales?) Y aceptémoslo, erradicamos desvergonzadamente todo rastro de masculinidad que le queda al pobre individuo. Entonces, nos damos cuenta que ENCIMA somos incoherentes porque las mujeres deseamos en lo más profundo de nuestro subconsciente al macho que se respeta, full testosterona, solo bebe de la lata y no canta afinado… ¡Pero igual le decimos “osito”! ;)

Y luego está el síndrome de la “pérdida de los sentidos”… Porque aparentemente, no solo perdemos el sentido de la vista, sino también el sentido del olfato, audición, gusto y demás. No podemos discutirlo. Alguna vez nos pasó que sus flatulencias o eructos, nos dio RISA… su sudor después de la famosa pichanguita es “tierno”, y sus besos mañaneros saben aparentemente a postre gourmet (porque iiigual te lo agarras buenazo, no mientas). Pero no somos tan estúpidas. Somos conscientes que si presenciásemos lo mismo en otro hombre, sería el equivalente a ver a Tongo en tanga… pero NO con nuestro hombre… porque él es perfecto.

Dicen algunos que el enamoramiento es en realidad una enfermedad sumamente peligrosa, pero quién soy yo para negarlo.