miércoles, 30 de mayo de 2012

El camino al éxito es un paseíto en bote


Hace un tiempo estaba teniendo una conversación acerca de cómo la vida resulta ser mucho más difícil de lo que uno proyecta. A los 10 años, inocente (engañado) tú, juraste que para cuando tengas 25, serías un exitoso millonario soberano del mundo. Pero eso sí, cuando te preguntaban qué querías ser de grande, respondías tierna e ilusamente: “bombero/policía/bailarina o profesora”. Luego creces, y te ves a ti mismo debiendo 3000 soles de tu tarjeta de crédito y pensando (seriamente) en prostituirte para pagar las deudas. Y así es como uno va descubriendo con el paso de los años que nada, NADA resulta como lo habías planeado, que tus sueños de ser millonario se empezaron a desvanecer cuando triqueaste matemática I y te diste cuenta que tu único gran talento era ganar Winning 11 (semejante vagazo). Y para las mujeres, la cosa no es muy diferente. Nosotras jurábamos y perjurábamos que íbamos a ser regias, que la celulitis y los rollos jamás adornarían nuestra futura escultural anatomía, que conseguiríamos a un hombre churrazo y con plata y por supuesto, que viviríamos en una mansión en Casuarinas. Qué linda y dulce es la infancia. Pero la triste realidad es que no conseguimos más que un gordito grasiosón y un trabajo en el que eres más explotado que mina Yanacocha. En otras palabras, TODOS pensábamos cuando niños que cumpliríamos todos nuestros sueños y la vida sería fácil. Claramente, no fue así… así que es en ese momento en el que recurrimos al plan B: ¡SOÑAR en ser millonario! Y entonces ya cambias la frase: “cuando yo sea millonario…”, por “cuando me gane la Tinka…”. Y empiezas a jugar una y otra vez, apostando por cuanto cumpleaños de familiar puedes pensar… Claro, porque tú crees que el cumpleaños de tu mamá y de tu abuela es el número GANADOR (a-todos-nos-pasa)… Pero tristemente Homero Cristalli nunca anunció tu declarada combinación del triunfo (o del fracaso continuo).

Luego pasas esa etapa. Maduramente, decides que la única manera de alcanzar el tan soñado éxito es trabajar duro por lo que quieres (¡felicitaciones! Esta es una verdadera señal de que haz empezado a crecer). Así que no te queda de otra que empezar a maquinar múltiples planes estratégicos para alcanzar aunque sea la holgura económica. Y entonces empiezas a trabajar, todo va bien… lento pero seguro… y así sigues trabajando… lento y ya no tan seguro… y sigues trabajando…  y así te das cuenta que ese plan que tenías en la infancia se fue desvaneciendo en el proceso porque no eres ni bombero, ni millonario… y la realidad, es que conforme pasa el tiempo te descubres a ti mismo preso de la rutina. Ese es precisamente nuestro problema, ¡no sabemos seguir nuestros sueños! La vida nos va envolviendo a todos en una misma dirección y parece que hubiese una supuesta receta que todos debemos seguir cual reos en cola… Estudiar, trabajar, casarnos, trabajar... Yo quiero levantar mi voz de protesta ante esta injusticia que comete la sociedad con las personas, la inercia en la que nos envuelve y nos obliga a abandonar nuestros sueños! La verdad es que ese no es necesariamente el camino a la felicidad! Y la verdad es que ser millonario tampoco lo es! Las personas deberíamos simplemente ser libres, hacer siempre aquello que nos haga feliz! Yo decido que no quiero trabajar para alguien, yo decido que la libertad es mi felicidad, ese es mi sueño, ser dueña de mi tiempo, tomar desayuno tranquila con quienes quiero a diario, tomar una siesta abrazada de ese alguien después de comer, y terminar el día en paz porque las reglas me las puse yo misma… y seguiré jugando la Tinka, porque nunca está de más complementar mi sueño, y aprenderé ballet porque en mi libertad, decidí que yo puedo ser aquello que quise, quiero y querré ser. 

martes, 6 de marzo de 2012

"El amor es ciego", una triste y oscura realidad


Empiezas una relación con #Wimbledon#, por ponerle un nombre a ese susodicho que escogiste como tu nuevo “príncipe azul”, pero que sabes que de príncipe no tiene nada, porque aceptémoslo, las probabilidades que tenga más de perro-peruano que de príncipe son del 98%. Pero no importa porque el muchacho es carismático, así que no interesa su pinta de Daddy Yankee, su cerquillo rubio y su tatuaje de Sarita Colonia en el pecho. A tí, mujer de los gustos autóctonos de vanguardia, te gusta. El porqué solo tú lo sabes, y eso es más que suficiente y es que tú, mujer con personalidad, segura de sí misma (nos queda claro) tomas su mano con orgullo y caminas con pecho inflado del galanazo que llevas por “ornamento folklorico”. Pero entonces es aquí cuando una se pregunta: “qué sucede con el amor y el buen juicio?”… Porque todo indicio indica que la realidad es que el amor nubla cualquier vestigio de lucidez. El amor te vuelve imbécil y no suficiente con eso… ¡te sumerge en un estado en el que desconoces todo significado de vergüenza! Sí, tú mujer moderna, de pensamientos atrevidos, hija de la era de la revelación femenina, no te quedas atrás... porque todas, TODAS, arrochamos en algún momento. Y es aquí en donde rebatimos aquel pensamiento quimérico que establece que “todo tiempo pasado fue mejor”... ¡ES MENTIRA!  No te engañes, porque todas tenemos aquel ex (cochino) enamorado cuyo recuerdo viene con el comentario adjunto de “en qué mierda estaba pensando?!?” Sí! Aquel bailarín de Chulos (se acuerdan?), con peinado de Gokú (luego de su transformación a Super Sayayín, porque encima se tiñó de rubio), ese con el arete en la oreja y caminata de Tito el Bambino, es y seguirá siendo, parte de TU PASADO! Pero en ese momento, no tenías vergüenza. Aquel wachiturro visionario era, según tu limitada cordura, el AMOR DE TU VIDA. ¿Nunca te pasó? No lo niegues. Si no fue folklórico, fue emo…

Pero la idiotez no viene solo con aquel insensato amor adolescente. La idiotez te persigue hasta hoy. Y es que cuando estás frente al “hombre de tu vida” (actual) por alguna razón no puedes hablar normal, ¡NO! Sin querer y hasta por inercia, tu voz adopta una musicalidad parecida a la de un teletubbie drogado. Jamás decirle por su nombre (eso es frío, indiferente y hasta irrespetuoso), su nueva identidad es “peluchin”, “pollito”, “torito”, “gatito”, “chanchito” (qué pasa con los nosotras y los nombres de animales?) Y aceptémoslo, erradicamos desvergonzadamente todo rastro de masculinidad que le queda al pobre individuo. Entonces, nos damos cuenta que ENCIMA somos incoherentes porque las mujeres deseamos en lo más profundo de nuestro subconsciente al macho que se respeta, full testosterona, solo bebe de la lata y no canta afinado… ¡Pero igual le decimos “osito”! ;)

Y luego está el síndrome de la “pérdida de los sentidos”… Porque aparentemente, no solo perdemos el sentido de la vista, sino también el sentido del olfato, audición, gusto y demás. No podemos discutirlo. Alguna vez nos pasó que sus flatulencias o eructos, nos dio RISA… su sudor después de la famosa pichanguita es “tierno”, y sus besos mañaneros saben aparentemente a postre gourmet (porque iiigual te lo agarras buenazo, no mientas). Pero no somos tan estúpidas. Somos conscientes que si presenciásemos lo mismo en otro hombre, sería el equivalente a ver a Tongo en tanga… pero NO con nuestro hombre… porque él es perfecto.

Dicen algunos que el enamoramiento es en realidad una enfermedad sumamente peligrosa, pero quién soy yo para negarlo.